Carlos Cruz-Diez fue el mayor artista plástico cinético venezolano. Sus propuestas para concebir el color como elemento capaz de crear una realidad autónoma que se desarrolla en el tiempo y en el espacio conquistaron diversos rincones de Venezuela. Estas obras monumentales a escala urbana siguen siendo modelos de la integración del arte en la arquitectura. A pocos días de su fallecimiento, repasamos el legado de Cruz-Diez en la arquitectura venezolana en diez de sus obras icónicas.

  • Fisicromía. Mural del jardín del Instituto Venezolano de Investigación Científica (Ivic). Caracas.
  • Cromointerferencia de color aditivo. Paredes y piso del pasillo central del Aeropuerto Internacional de Maiquetía “Simón Bolívar”.
  • Doble fisicromía cóncavo-convexaPlaza Venezuela. Caracas.
  • Homenaje al Sol (Cromoestructura radial). Redoma Las Trinitarias. Barquisimeto, estado Lara.
  • Ambientación cromática. Paredes y piso de la Sala de máquinas n° 1 de la Central Hidroeléctrica “Simón Bolívar” (antigua Central Hidroeléctrica “Raúl Leoni”). Guri, estado Bolívar.
  • Inducción cromática. Mural de fachada de la Torre Stratos. Valencia, estado Carabobo.
  • Inducción cromática por cambio de frecuencia doble faz. Plaza “Alonso Gamero” de la Universidad de Los Andes (ULA). Mérida, estado Mérida.
  • Cromoestructura. Puerta de entrada de la Torre La Previsora. Caracas.
  • Laberinto cromovegetalUniversidad “Simón Bolívar” (USB). Caracas.
  • Ambientación cromática. Butacas de la Sala “Simón Bolívar” del Centro Nacional de Acción Social por la Música. Caracas.

“A diferencia de los artistas del Medioevo, del Renacimiento o de los muralistas mexicanos, mis obras no contienen discursos referenciales. Constituyen el soporte de un acontecimiento que evoluciona en el tiempo y en el espacio reales y cambian con el desplazamiento de la luz y la distancia del espectador. Son situaciones autónomas desprovistas de anécdotas, en las que el espectador descubre el color haciéndose y deshaciéndose, sin tiempo pasado ni futuro, en un presente perpetuo.” Carlos Cruz-Diez, 1996.